La movilidad social ascendente y la sustentabilidad

Del 11 al 22 de noviembre de 2024 se celebró la Conferencia de las Naciones Unidas – COP 29 - sobre el Cambio Climático en la Ciudad de Bakú, en Azerbaiyán, región del Cáucaso en Eurasia. La llamada “Conferencia de las Partes” (Conference of the Parties por su nombre en inglés), se celebra cada año y son el único foro multilateral de alcance mundial en la toma de decisiones sobre el tema del Cambio Climático y que reúne a casi todos los países de la tierra.

Entre los puntos que se han tratado en la última edición, se encuentra la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), compuesto por 17 objetivos que incluyen, entre otros: poner fin a la pobreza en el mundo; erradicar el hambre y alcanzar la seguridad alimentaria; garantizar una vida sana y el bienestar general; propiciar una educación de calidad; lograr la igualdad de género; asegurar el acceso al agua limpia y al saneamiento y a la energía asequible y no contaminante; facilitar el acceso a un trabajo decente y adoptar medidas contra el cambio climático.

Los ODS son la continuación de los “Objetivos de Desarrollo del Milenio” suscriptos en el año 2000 con vencimiento en 2015. Los ODS, que comprenden el periodo 2015 – 2030 son un plan de acción en favor de las personas, el planeta y la prosperidad y que abarcan las tres dimensiones del desarrollo sostenible: la inclusión social, la protección del medio ambiente y el crecimiento económico.

Un punto para destacar es que los 17 Objetivos y sus 169 metas son mucho más ambiciosos que los ODM, y si bien estos se podrían resumir como un salvoconducto para el progreso de las próximas generaciones, en la práctica, los avances han sido magros. Como ejemplo, la meta 1.2 que propone a la comunidad internacional reducir a la mitad la pobreza en todas sus dimensiones y con arreglo de las definiciones nacionales y particulares de cada país, se estima que, si las tendencias actuales continúan hacia el 2030, 575 millones de personas aún vivirán en la pobreza extrema que alcanza al percentil más bajo de la pirámide social, cuyos ingresos diarios por persona ascienden a los US$ 2,15. En virtud de esto, solo un tercio de los 193 Estados Miembros que firmaran oportunamente los “Objetivos de Desarrollo Sostenible” habrían reducido a la mitad los niveles de pobreza.

Pero la pobreza no solo se limita a los ingresos per cápita como la define el Indio Amartya Sen, ganador del Premio Nobel de Economía del año 1998 y que bajo el nombre de “Índice de Pobreza Multidimensional” identifica las privaciones de una persona en indicadores clave como salud, nutrición, asistencia escolar, años de educación, acceso a los servicios públicos y empleo e igualdad de oportunidades, entre otros. Y agrega que el objetivo del desarrollo social debería ser la expansión de las capacidades humanas en relación con la educación en todos sus niveles como una herramienta de empoderamiento de las personas.

Por su parte, UNICEF agrega que los niños tienen mayores probabilidades de vivir en la pobreza que los adultos y que estos son más vulnerables a sus efectos y consecuencias. Aproximadamente, 356 millones de niños a nivel mundial viven sin tener la posibilidad de satisfacer sus necesidades mínimas, y que, afectando de forma severa el desarrollo físico y psicológico imprimen una profunda herida en la etapa de crecimiento y adelantado cognitivo. Es así como se ven ultrajados los derechos básicos en la primera infancia en flagrante menosprecio por la vida humana.

En la Argentina, la persistencia de los altos niveles de pobreza estructural que se han mantenido por décadas expone descarnadamente las malas políticas sociales y que, soslayando las inequidades y desigualdades no hacen más que profundizar la grieta de las oportunidades. Es así como 7 de cada 10 niños en nuestro país es pobre, lo que es igual a que el 66,1% de los niños vivan en la miseria y de los cuales, el 27% son indigentes. Se denomina indigentes a aquellos que se ubican por debajo de la línea de la pobreza y por consiguiente no pueden satisfacer el umbral mínimo de las necesidades energéticas y proteicas alimenticias.

Por consiguiente, esta alarmante situación nos refiere al Objetivo 4 de los ODS llamado “Educación de calidad” y según un informe publicado por la Organización de las Naciones Unidas del año 2023, manifiesta que, en los últimos años, los progresos hacia una educación de calidad muestran un amesetamiento. Respecto a esto, el COVID-19 ha tenido repercusiones devastadoras, causando retrasos en el aprendizaje, en cuatro de cada cinco de 104 países en estudio. A este ritmo, al año 2030, aproximadamente 300 millones de alumnos no contarán con las competencias básicas en aritmética y alfabetización.

La falta de una formación escolar adecuada conlleva una pesada herencia que se ha de perpetuar a lo largo de la existencia y que hipoteca las aspiraciones de crecimiento de los más vulnerables. La oscura trampa de las desigualdades, que se emerge en las penurias a los más necesitados, se expresa como un medio para satisfacer las aspiraciones mezquinas de programas sociales que solo buscan un rédito en las urnas y que vulneran, en particular, los derechos de los más pequeños. Es así como se dejan de lado los “Derechos de los niños” que fueran promulgados en la Convención de la ONU del año 1989 en donde se destaca la necesidad de garantizar, a cada niño, sin importar su raza, color, religión, el derecho a una educación de calidad.

La cruda realidad nos interpela a cuestionarnos cuál es el lugar que debemos ocupar como sociedad y a no justificar la falta de acción bajo el pretexto de que el Estado debe encargarse de remediar los errores cometidos en el pasado cuando este no tiene, ni los recursos económicos, ni los humanos para así realizarlo y de esta manera, solo daremos licencia a mayores desaciertos. Como arquetipos de modelos a seguir, en las economías más prósperas del planeta, las organizaciones no gubernamentales se ocupan de llevar adelante distintos tipos de programas de asistencia y que intentan hacer de este un mundo más vivible, procurar recursos en auxilio de las clases más desamparadas.

Desde el lugar que nos ocupa, la Asociación Civil Sin Fines de Lucro Acción Sustentable trabaja en proyectos de mejora escolar con la firme convicción de que un hábitat de calidad asistirá a una mejor educación y a una igualdad de oportunidades. En el pasado mes de noviembre, hemos comenzado el cuarto proyecto de mejora escolar en la Colonia Guatambú, inicio de Mojón Grande, en el Departamento de San Javier, Provincia de Misiones, con el que estaremos llegando, una vez terminado, sumado a las escuelas de Panambí, Oberá y Colonia Guaraní “El Chapa”, y ahora, en Colonia Guatambú. Con estos proyectos, estamos impactando positivamente en la vida de casi 500 niños, sus familias y los docentes de la comunidad educativa, trabajando juntos para promover un futuro más sostenible y justo para todos. Este avance refleja el compromiso constante de nuestra ONG Acción Sustentable con el desarrollo de iniciativas que favorezcan el bienestar y la educación de quienes más lo necesitan.

Sin embargo, suena un tanto presuntuoso manifestar que mejores condiciones constructivas en establecimientos educativos de escuelas rurales del interior del país, han de generar una movilidad social ascendente y un adelanto en las capacidades de comprensión respecto a los principios de la sustentabilidad, pero un niño que se desarrolla en un medio privado de una vivienda digna, sin servicios y sin una alimentación adecuada, entre otras carencias, difícilmente podrá comprender las consignas que se le instruyen con el objeto de romper con el ciclo de pobreza en el que ha estado sumergido desde sus primeros días.

La sociedad no puede permanecer indiferente cuando cada día miles de niños son expulsados del sistema, por lo que debemos trabajar en un desarrollo sustentable con el objetivo de construir un futuro inclusivo, sostenible y resiliente para las personas y el planeta. La erradicación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones es una condición indispensable para lograr un desarrollo sostenible en el tiempo que garantice sociedades más justas y equitativas.

Danilo Antoniazzi
LEED Green Associate - WELL BUILDING AP - Auditor BREEAM N/C - EDGE Expert - TRUE Advisor - Auditor Interno ISO 14001

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