El 2024 fue un año de importantes avances y desafíos en el mercado inmobiliario argentino. La derogación de la Ley de alquileres generó una reactivación en nuestro sector a partir de los inversores que compran en pozo para renta. Por otro lado, mientras el mercado locativo y la compra-venta de unidades usadas mostraron una notable reactivación gracias al retorno de los créditos hipotecarios, los desarrollos inmobiliarios enfrentaron un panorama más complejo. Los costos de construcción se duplicaron en dólares, mientras que los precios de venta no acompañaron este incremento al mismo ritmo. Este desbalance evidenció la necesidad de un reacomodamiento que, aunque todavía incipiente, se vislumbra en el horizonte.
El impacto positivo de los créditos hipotecarios fue innegable, particularmente en el segmento de unidades usadas. En emprendimientos, se anunciaron recientemente las hipotecas divisibles que podrían habilitar el financiamiento a largo plazo desde el pozo. Con lo cual, debería empezar a funcionar y probablemente en los próximos meses veamos el impacto en nuestro sector. Nos gustan los avances del gobierno en este sentido.
El blanqueo, una herramienta clave en el año, aún no ha derramado con fuerza sobre el sector. A pesar de que muchos ya han depositado fondos en los bancos, el desafío sigue siendo atraer ese capital hacia proyectos inmobiliarios. Los desarrolladores estamos trabajando intensamente para capturar esta oportunidad, conscientes de que un flujo sostenido de inversiones puede revitalizar el sector.
Por otro lado, los préstamos a desarrolladores, aunque disponibles, siguen siendo escasos. La preventa y el capital propio continúan siendo la principal fuente de financiación para nuevos proyectos, un modelo que limita el alcance y el dinamismo del sector.
De cara al 2025, el sector mira con optimismo la estabilización macroeconómica, acompañada de una baja en la inflación. Este escenario podría reducir costos de construcción, especialmente si se facilita la importación de insumos más competitivos. Además, el fortalecimiento del financiamiento institucional y bancario promete un mercado más robusto y rentable, beneficiando tanto a desarrolladores como a compradores. Por otro lado, los desarrollos emblemáticos en zonas de transformación, como la ex Ciudad Deportiva de Boca, el Parque de la Innovación y el microcentro porteño, ofrecen oportunidades significativas. Estas áreas se perfilan como polos de crecimiento.
El 2024 deja lecciones clave para el mercado inmobiliario. Es evidente que, para asegurar un crecimiento sostenido, necesitamos un marco más estable y mecanismos financieros que incluyan a un mayor segmento de la población.
Con herramientas como las hipotecas divisibles y la posibilidad de atraer capital blanqueado, el sector está en una posición estratégica para liderar el desarrollo económico y urbano del país. •
Arq. Damián Tabakman
Presidente de CEDU.
Rector de EN Real Estate.
(Escuela de Negocios de Real Estate).
Autor del libro: Nueva agenda del desarrollador inmobiliario.
www.enrealestate.org
